Todo lo dominaba el frío del invierno. El paisaje era totalmente nevado, y sinceramente,a ninguno apetecía volver a Málaga.
Alojados como estábamos a las afueras de la capital, podíamos comprobar cómo se vive en una ciudad que confluye en perfecta armonía con la naturaleza. La zona, rodeada por bosques, se encuentra llenas de viviendas más o menos diseminadas que forman una perfecta comunión con el entorno.
Se pueden observar desde la vivienda, cómo los ciervos salvajes pasean por los jardines de los vecinos buscando algo de comida que resalte entre el manto de la nieve. Traté de captar la fotografía de dos de ellos, aunque me fue imposible. Me lancé a la calle en mangas cortas, zapatillas y con -8 grados tratando de tomar la instantánea, pero me fue imposible. Se marcharon al ver cómo aquel loco se desplazaba en mangas de camisa cámara en mano. Lástima. Al menos aproveché para captar una imagen de cómo estaba aquel precioso paisaje nevado.
Y con esta imagen concluye mi breve narración de mis minivacaciones.
Espero que os haya gustado a todos.